Celebración de la abundancia

Falda yukuna hecha de tiras de corteza de árbol. La parte baja se tiñe de oscuro con barro húmedo. Coleccionado por R.E. Schultes, río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7524
Corona ritual makuna para jóvenes. Coleccionado por R.E. Schultes, río Popeyacá, Colombia. PM 53-47-30/7525
Máscara yukuna para baile. Tiene una cola larga de tiras de corteza que sale del extremo de la capucha. Este personaje es seguramente el “Tori”, o diablo. Coleccionado por R.E. Schultes, río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7515
Máscara yukuna para baile. Este personaje es seguramente el “Tori”, o diablo, aunque también puede tratarse de un hombre blanco. Coleccionado por R.E. Schultes, río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7513
Máscara yukuna para baile. Tiene dos grandes “orejas” de fibras vegetales recubiertas de algodón y plumas. Este personaje representa un murciélago. Coleccionado por R.E. Schultes, río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7516
Máscara yukuna para baile. Este personaje representa a un oso hormiguero. Coleccionado por R.E. Schultes, río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7517
Máscara yukuna para baile. El personaje representado es un “nokõrõ”, o pez. Coleccionado por R.E. Schultes, río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7520.8
Máscara yukuna para baile. El personaje representado es un “nokõrõ”, o pez. Coleccionado por R.E. Schultes, río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7520.9
Peluca makuna hecha con la piel de un perezoso (Bradypus sp.) Coleccionado por R.E. Schultes, río Pirá-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7531
Máscara Yukuna. Según Schultes, la cara amarilla representa el Sol. Para los Makuna, el pájaro bureru con las paletas redondas. Cuando son el forma de “L”, es el colibrí—mimi. Coleccionado por R.E. Schultes, Río Mirití-Paraná, Colombia. PM 53-47-30/7495
Máscara yukuna para baile. Según Schultes, esta máscara se usaba para una parte de la ceremonia llamada “La iluminación de los peces”. Entre los makuna representa el ũmawãre (la rana), tarobüa (el sapo), o gã (el halcón). Coleccionado por R.E. Schultes, r

En el Amazonas, enero y febrero son meses en los que las palmas del género Bactris gasipaes están llenas de fruto. También es un período en el que los ríos se llenan de peces. Es tiempo de abundancia y de fiesta. En Colombia, el fruto nutritivo de esta palma se conoce tradicionalmente con el nombre de chontaduro. Se le prepara para el consumo de maneras diversas, pero durante este momento particular del año se le cosecha en grandes cantidades en la selva para preparar chicha, una bebida fermentada conocida por los indígenas desde hace siglos, quienes también la preparan de maíz. Este tiempo de abundancia se espera todos los años porque es un motivo que reúne a la gente de diferentes aldeas.

Para celebrar esta bonanza se organiza un baile que requiere varias semanas de preparación. Los chontaduros se deben recoger y procesar para hacer grandes cantidades de chicha. Los hombres pescan y salen de cacería en busca de animales de carne, especialmente el tapir amazónico conocido como danta. La carne y los peces se ahúman pues habrá muchos visitantes de las aldeas vecinas durante varios días. Las hojas de coca y el tabaco también son importantes, porque serán consumidas durante la fiesta en la maloca, o casa comunal.  Debe haber suficiente para todos porque ésta es una ocasión para compartir y reforzar los lazos sociales.

El aspecto más asombroso de esta celebración es el baile mismo. En él participan hombres, mujeres y niños. Las mujeres, además, han trabajado arduamente sin pausa durante semanas para preparar los alimentos y la chicha. Pero más que un baile, esta celebración es una representación teatral. Un gran número de personajes entran en escena—en este caso, el escenario es el gran espacio adentro de la maloca—donde los hombres disfrazados representan criaturas fantásticas que bailan y se mueven al ritmo del sonido de los cantos y de los golpes secos de los bastones rituales. El etnólogo Luis Cayón explica que este baile no es solamente una celebración de la fertilidad y la abundancia, sino también una representación para traer alegría a los niños. Por eso los jóvenes también hacen parte del baile.

Los disfraces consisten de una falda larga hecha de tiras vegetales de corteza y una camisa hecha también de corteza de árbol. En la cabeza se ponen una capucha del mismo material sobre la cual han modelado la cara de algún personaje que cobra vida en esta celebración. Las caras se hacen con una resina vegetal de árbol—identificada por Schultes como del género Monorobia—la cual se prepara y aplica directamente sobre la capucha. La máscara es cuidadosamente modelada mientras la resina está blanda y se decora de colores amarillo y blanco, hechos de materiales vegetales y tierra. Estas caras representan animales como sapos, halcones, osos hormigueros, peces, avispas, serpientes, pirañas y micos. Pero el personaje principal es el Tori, o diablo. El Tori es un personaje fálico que representa el concepto de la fertilidad, que es fundamental en esta celebración; pero también representa la muerte y la oscuridad. Es uno de los primeros en entrar en la maloca, de improviso, y su presencia causa gran conmoción. Montado encima de un palo largo, el Tori lanza un “ataque” ante la risa general de los asistentes cuando su falo simbólico viene golpeado con otras varas de madera por los hombres que están en la maloca.

Luego sigue una procesión de personajes que bailan, cada uno representando a un animal o un espíritu. La celebración continúa durante tres o cuatro días en los cuales se consumen chicha, casabe, carne y coca.

Hay otras máscaras largas en forma de cilindro hechas con madera de balso, que tienen unas “alas” rectangulares hermosamente pintadas que cuelgan de los lados. Representan pájaros y el Sol. Por lo general aparecen al final de la celebración para mostrar que el Sol propicia la fertilidad y la vida.